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La importancia del gas natural en la transición energética mundial

La transición energética es uno de los mayores retos a los que la humanidad hace frente. A medida que las reservas de combustibles fósiles van decreciendo, los países tratan de buscar alternativas. A largo plazo, nadie cuestiona que hay que apostar por energías renovables y limpias. Pero aún queda mucho para que esa transición de energía fósil no renovable a energía renovable se complete totalmente. Por ello, diferentes expertos medioambientales proponen un elemento clave en esa transición. Un combustible más respetuoso con el medio ambiente que los que se utilizan en la actualidad. Y ese combustible no es otro que el gas natural.

Antes de entrar en materia sobre el papel de este combustible, haremos un breve análisis sobre el mismo. El gas natural es un combustible fósil con una composición mayoritaria de metano. En su composición también se encuentran el etano o el propano, y otros gases minoritarios como el dióxido de carbono o impurezas de azufre. Al igual que ocurre con otros combustibles fósiles, se extrae de yacimientos subterráneos, y para obtener energía de él hay que quemarlo en combustión. Hasta ahora, parece muy similar a otras fuentes de energía como el petróleo o el carbón. Pero la realidad es que tiene ciertas propiedades que lo hacen muy especial.

El gas natural como elemento clave en la transición

El gas natural produce menos gases de efecto invernadero que otros combustibles fósiles. También se quema de forma más eficiente y limpia, sin producir compuestos de azufre o partículas. Sus riesgos de explosión son mínimos y no requiere procesamientos previos ni posteriores. Y sus ámbitos de aplicación son muy variados: doméstico, industrial, en el sector terciario, en el sector energético e incluso en los vehículos. En todos ellos podría sustituir a la gasolina, al carbón, al gasóleo, al propano o al diésel.

En la reunión del G20 celebrada en Argentina, los ministros energéticos llegaron a un consenso sobre el uso de la energía. Según los ministros de energía allí presentes, que representan a dos tercios de los habitantes del planeta, el gas natural es el combustible que se ha de utilizar en el camino hacia la sostenibilidad. La transición energética total requiere un cambio profundo en la infraestructura de un país. La forma de obtener energía de éste ha de cambiar por completo, apostando por una energía limpia y sostenible.

La situación del gas natural en España

La posición de España con respecto a otros países en la utilización del gas natural es muy positiva. El país cuenta con siete plantas regasificadoras ubicadas en diferentes puntos de la península, y dos más que se van a abrir en las Islas Canarias. El gas natural, habitualmente es transportado en estado líquido, ya que su volumen se reduce hasta 600 veces y su transporte es más económico. En estas plantas regasificadoras, el combustible se devuelve a estado gaseoso, listo para su utilización.

Por otro lado, España también cuenta con una amplia red de gasineras. Las gasineras son el equivalente a las gasolineras para los vehículos que utilizan el gas natural como combustible. En ellas se puede repostar tanto Gas Natural Licuado (GNL) como Gas Natural Comprimido (GNC). Ambos son combustibles utilizados en este ámbito. En total, España cuenta con 28 estaciones de repostaje para gases de este tipo, y prevé la apertura de 21 más. Este desarrollo se dio gracias a la Directiva europea 2014/94/UE, que estipula que debe haber una estación GNL cada 400 km, una de GNC en municipios con más de 100.000 habitantes, y una estación GNC en las carreteras Red Ten-T cada 150 km y también en ciudades de más de 100.000 habitantes.

Después del gas natural

Como se ha comentado anteriormente, se ha de tener claro cuál es el papel del gas natural dentro de esta transición. Una vez la transición se haya realizado, el gas natural ha de desestimarse como combustible, al igual que se habrán desestimado el petróleo o el carbón. A fin de cuentas, las reservas de este gas tienen también fecha de caducidad, y su valorización energética tiene efectos contra el medio ambiente, así como su extracción. Técnicas como el fracking o la emanación de gas metano durante la extracción siguen siendo nocivas para el medio ambiente.

Es por esto, que el gas natural, una vez cumplida su función, debe dar lugar a otras técnicas energéticas más limpias. Aparte de la energía eólica, solar, geotérmica, marina o de fusión nuclear en las que se tienen depositadas grandes esperanzas para afrontar los retos energéticos, el gas del futuro es el hidrógeno. El combustible de hidrógeno es muy efectivo, y su combustión da como resultado agua. Pero, por desgracia, hoy en día aún no se ha optimizado su transporte, su producción, ni su almacenamiento. Y aún genera problemas de abastecimiento, ya que es de uso casi instantáneo, y también problemas de seguridad, debido a su fácil ignición. Pero se está estudiando la forma de utilizar las infraestructuras destinadas al transporte de gas natural para el hidrógeno, con lo que en un futuro puede que un gas sustituya al otro.

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