Publicado el

China: contaminación, derroche e ineficiencia energética

Muestra de contaminación en ChinaFacebooktwittergoogle_pluslinkedinmail

Resulta complicado imaginarse que un país como China con niveles récord de contaminación del aire pueda plantearse como objetivo para el año 2020 cubrir el 20% de sus necesidades energéticas a través de las energías renovables.

En la actualidad, China es uno de los líderes mundiales en cuanto a inversión en energías renovables, sin embargo sus problemas medioambientales no son nada desdeñables tratándose del país con más población del mundo.

2013 fue testigo de la invasión de la niebla tóxica en las principales ciudades chinas. La capital Beijing duplicó en varias ocasiones los niveles máximos de contaminación marcados por el Gobierno y la ciudad de Shanghai llegó a alcanzar en el mes de diciembre niveles dramáticos, superando hasta en 24 veces lo estipulado por la Organización Mundial de la Salud.

A diferencia de la contaminación, la escasez de agua se debate menos públicamente, sin embargo, China se enfrenta a otro reto ecológico en relación a este tema.

El 64% de los acuíferos chinos están muy contaminados y la situación del agua en las costas y en los ríos rurales es muy similar. China es el mayor productor y consumidor de carbón a nivel mundial (fuente del 70% de sus necesidades energéticas) y según datos de la organización ecologista Greenpeace, por cada tonelada de carbón producida 2,5 toneladas de agua se ven contaminadas. El proceso de lavado del carbón genera una gran cantidad de aguas residuales compuestas de sustancias químicas y metales pesados que resultan casi imposibles de reciclar.

Mercado de oportunidades

Durante los últimos treinta años China ha visto como su economía crecía a ritmo de dos dígitos anuales hasta convertirse en la segunda economía mundial y en la potencia comercial más grande a nivel internacional. Pero este proceso de crecimiento sin igual está pasando ahora su factura y ha obligado al gobierno chino a tomar medidas e introducir nuevas políticas que supondrán menos crecimiento pero más sostenible y de mayor calidad.

El pasado mes de diciembre, el entonces primer ministro Wen Jiabao, declaró en rueda de prensa que el nuevo objetivo de China será “crecer menos, pero crecer mejor”. Para ello, los nuevos dirigentes ya han establecido cuáles serán los cimientos de las nuevas políticas de crecimiento para el país: más mercado, más liberalización, menos intervención del Estado y menos tolerancia con la corrupción y con el daño al medioambiente.

En cualquier caso, las previsiones de crecimiento chinas serán superiores al 7,2% ya que según el actual primer ministro, Li Keqiang, por debajo de estos niveles el país tendría problemas para controlar las tasas de desempleo. Así, la actividad manufacturera continuará su línea ascendente aunque a menor ritmo pero el aspecto que más repercusión tendrá a nivel internacional será el aumento de las inversiones extranjeras por parte del país asiático.

Con estas perspectivas de crecimiento las empresas españolas tienen una oportunidad de hacerse ver en un mercado que en los últimos años se ha ido difuminando.

“Una población excesivamente pragmática”

“La población china todavía no está muy concienciada sobre la necesidad de proteger el Medio Ambiente, pero sí que se nota una creciente preocupación por los efectos adversos que los elevadísimos niveles de contaminación tienen en la salud. Se han disparado los casos de cáncer y de algunas afecciones respiratorias, y cada vez es más fácil conseguir información sobre la concentración de partículas dañinas en el aire, así que muchos ligan, con lógica aplastante, ambos datos. El problema es que la población china es excesivamente pragmática y está demasiado volcada en un objetivo que choca con el ecologismo: hacer dinero a toda velocidad. Eso hace que no haya respeto por el entorno, algo que demuestra desde la actitud de grandes empresarios sin escrúpulos que contaminan a placer y tratan de silenciar a sus críticos con dinero o contratando a matones, hasta el comportamiento de turistas que, allí por donde pasan, ensucian todo.

Ese afán por hacer dinero lleva también a que las construcciones sean de muy mala calidad y tengan un aislamiento pésimo. En Shanghái, por ejemplo, es imposible conseguir que las casas estén relativamente calientes en invierno, independientemente de cuánto se gaste en calefacción, y lo contrario sucede en verano. De hecho, se considera que los edificios suponen el 30% de toda la energía que se derrocha en el país. Quizá tenga algo que ver el hecho de que no existe la propiedad a perpetuidad, sino el usufructo a 70 años. Lo cierto es que China se caracteriza por el derroche y la ineficiencia energética: tanto en construcciones y aparatos domésticos como en la gran industria, obsoleta y especialmente contaminante.

En cuanto a la energía nuclear, China apuesta por ella sin fisuras y construye una docena de nuevas centrales. Es, junto al impresionante aumento de la inversión en renovables, la apuesta del país para dejar de depender del carbón, que todavía satisface el 70% de las necesidades energéticas de la segunda potencia mundial”.

Zigor Aldama, Corresponsal en Extremo Oriente con base en ShangháiComentario de Zigor Aldama, periodista y corresponsal en Asia para El País
@zigoraldama

 

 

Más información:

Guerrilleros Chinos contra la contaminación – artículo El País

El mercado de las Energías Renovables en China – artículo Caloryfrio.com

Facebooktwittergoogle_pluslinkedinmail
Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Captcha *