Publicado el 26/05/2020

Calidad del ambiente interior y nuevos criterios de habitabilidad en época de confinamiento

Calidad del ambiente interior

El confinamiento como consecuencia del estado de alarma ha abierto de nuevo el debate en torno a la vivienda. El hecho de pasar demasiado tiempo confinados en espacios poco saludables puede ser origen de diversas patologías. Si ya lo era antes ahora lo es todavía aún más ¿Están las viviendas en España construidas para garantizar una adecuada habitabilidad en estas circunstancias? ¿Qué aspectos relativos al diseño y calidad de la vivienda deberían de mejorarse después de la experiencia vivienda? ¿Es la normativa de construcción actual lo suficientemente amplia?

La relación entre la vivienda y su habitabilidad y el desarrollo urbano

El diseño de la vivienda, la habitabilidad y la salubridad, el espacio mínimo y su relación con el exterior, han sido motivo de discusión desde hace mucho tiempo. Bastar recordar La Carta de Atenas, manifiesto publicado en 1942 por Le Corbusier. Un documento que ponía de manifiesto la relación entre el urbanismo y la vivienda teniendo en cuenta factores como el clima, el terreno, la iluminación natural y la vegetación en las ciudades. Que apostaba por la ubicación de la habitación (la vivienda) en el lugar privilegiado de la ciudad buscando la higiene. Que establecía una separación de funciones a escala de ciudad diferenciando zonas por uso: la vivienda, la circulación, el trabajo y el ocio. Ideas o principios que han influido en el desarrollo urbanístico en Europa. Pero mucho tiempo ha pasado desde entonces y las necesidades que hoy reclamamos para nuestras ciudades pueden ser muy diferentes de las de entonces.

El marco normativo en relación a la habitabilidad de nuestras viviendas

Actualmente nos encontramos en España con un parque de vivienda edificado muy mejorable desde el punto de vista habitacional. Hablamos de carencias relacionadas con la falta de confort térmico, con la baja calidad del aire interior, con el bajo aprovechamiento de la iluminación natural y también de la reducida o nula protección frente al ruido proveniente tanto del exterior como del interior de los edificios. De factores que influyen de manera negativa en nuestra salud. En definitiva de baja calidad del ambiente interior.

Sin duda, la publicación en 2006 del Código Técnico de la Edificación y su aplicación en el diseño y construcción de viviendas ha establecido un marco normativo que ha dado respuesta a la mayoría de dichas carencias. Con el tiempo las exigencias en torno a la seguridad y la habitabilidad se han ido endureciendo con el objetivo de alcanzar estándares de calidad superiores. Cabe destacar por ejemplo la mejora de las exigencias relativas al ahorro de energía y el confort térmico en el interior de los edificios. También en lo relativo a la calidad del aire interior. Por ejemplo con la reciente publicación de una nueva sección del documento básico de salubridad relativa a la protección frente al radón en los espacios interiores. Un gas de origen natural que está presente en el terreno y que al pasar al aire emite partículas radiactivas que se pueden respirar. El radón también puede estar presente en los materiales de construcción e incluso en el agua y es origen de enfermedades en el ser humano.

Mejora de la calidad ambiental interior fuera del marco normativo

Sin embargo el debate sobre la calidad del ambiente interior es muy amplio. Más allá de un contexto normativo nos encontramos con diferentes planteamientos que dan respuesta a estas y otras necesidades.

La toxicidad y el impacto negativo de los materiales en el medio ambiente

Sin ir más lejos la bioconstrucción. Un sistema de edificación que a través de técnicas alternativas, promueve el diseño y construcción de espacios de alta calidad ambiental interior. La idea principal consiste en recuperar técnicas constructivas tradicionales adaptadas a la tecnología actual, que mediante el empleo de materiales naturales permite construir espacios con impacto positivo en la salud de las personas y también en el medio ambiente. No se trata de volver al pasado, sino de aprovechar lo positivo de dichas técnicas constructivas. De aprovechar el lugar y el clima de la zona  para la selección de los materiales de construcción.

Pero claro, hablamos de materiales como la madera, el bambú, las fibras vegetales como la paja o el cañizo, la arcilla, la tierra prensada, la cal o el barro entre otros.  Materiales que apenas han pasado por un proceso de transformación industrial y cuyo impacto en el medio ambiente durante todo su ciclo de vida completo es prácticamente nulo. Materiales que no incorporan otros productos que afectan a la salud de las personas por su toxicidad o falta de transpiración. Materiales en definitiva que conservan sus cualidades biológicas y su inocuidad medioambiental.

La contaminación electromagnética

También podemos hablar de otro tipo de interferencias en la calidad ambiental interior de nuestras viviendas y que no aparecen en los textos normativos para la construcción de los edificios. De hecho para la mayoría puede hasta parecer poco preocupante su existencia y sus efectos sobre la salud como consecuencia de una exposición cada vez más elevada y prolongada en el tiempo.

Este es el caso de la contaminación electromagnética. Existe lo que se denomina entorno electromagnético natural, pero dicho entorno, según el Instituto para la Salud Geoambiental, ha sido modificado por el hombre de forma artificial. De hecho evidencia que la exposición a campos electromagnéticos externos como las instalaciones eléctricas, las antenas de telefonía, los teléfonos móviles o los inalámbricos entre otros aparatos, alteran los procesos biológicos y produce efectos adversos sobre la salud.

Conclusión

Para terminar, y sin perder el horizonte de este artículo, que es cómo se valora la habitabilidad de nuestra vivienda en época de confinamiento, podríamos hablar también de otros aspectos relativos a la funcionalidad en las viviendas. Un factor más a tener en cuenta dentro del concepto de lo que entendemos por habitabilidad. Por ejemplo, la necesidad de disponer de una pequeña parcela en nuestra vivienda para el espacio exterior. Un lugar protegido pero que a su vez pudiera cubrir nuestras necesidades de esparcimiento y de disfrute al aire libre, aunque fuera de manera limitada. El aprovechamiento de la cubierta del propio edificio podría ser la solución, aunque en este caso manteniendo las medidas de distanciamiento social al ser un espacio de uso compartido.

Pero también podemos plantear otra cuestión no menos importante y que es la falta de flexibilidad o adaptación al cambio de nuestras viviendas. Sin ir más lejos el teletrabajo, una medida que plantea muchos beneficios a todos los niveles pero que en la mayoría de los casos requiere de unas condiciones técnicas y de diseño, que en una vivienda convencional, pueden ser difíciles de reunir. Entre ellas, la falta de espacio o  la rigidez de la distribución interior de la propia vivienda y construida que no ha tenido en cuenta este escenario. El de hacer compatible la conciliación de ambos usos: habitar y trabajar.

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